ECO Medios AM 1220

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¿qué pasará con Lil’ Peace of Heaven?”. Yo les digo: “No sabemos qué nos depara el mañana… …¡pero sabemos quién estará mañana!”. ¡Porque estamos con el hombre de la acción! Vamos, caballeros, traigan el banco. Escuchen. Estamos parados ante Su palabra eterna… …Su palabra divina, por favor, ven a Jesús. Te siento. Sé que hay alguien aquí… …sé que hay alguien aquí que necesita a Dios. El Señor te aceptará… Aquí vamos. Amén. Aleluya. ¿Cómo te llamas? Hazel. ¿De dónde eres, Hazel? De Bed-Stuy. ¿No más “hacer o morir”? Ya no. Gracias por sus rectas palabras. Ten piedad, Señor. ¿Ves a la hermana Shirley ahí atrás? Dale tus datos, y te preparará para el bautismo… …y las clases de la Biblia. Alabado sea el Señor. ¿El Señor actúa de manera misteriosa? Sí. Alabado sea Dios. Sé que hay otro aquí. ¡Puedo sentirte afuera! Puedo sentirte, ven a Jesús. ¡Sí! Tenía un presentimiento contigo, hijo. ¿Quién eres, joven? Vine a traer la donación especial por la que rezaste. ¡Agradezco a Jesús estar aquí! ¡Te lo dije, Zee! ¡Te dije que un siervo de Dios vendría! ¡Alabado sea Jesús! ¿No me recuerdas? No, señor. Pero es una bendición que estés aquí. Me alegra darte la bienvenida al reino del Señor. Soy Blessing. ¿Quién? Blessing Rowe. De la Iglesia Bautista de las Almas Misioneras. Waycross, Georgia. Vaya, Waycross, Georgia. Eso queda muy lejos. Sí, vine desde lejos para oír tu sermón. Me gusta el Libro de Salomón, capítulo segundo, tercer verso. “A su sombra placentera me he sentado… …y su fruto es dulce a mi paladar”. ¿Lo recuerdas? Hoy en día enseño más que nada el Nuevo Testamento. Lo sé… …pero recuerdo tus sermones del Antiguo Testamento. “Paloma mía… …en lo secreto de la senda escarpada… …déjame ver tu semblante… …déjame oír tu voz, porque tu voz es dulce… …y precioso tu semblante”. Siempre te gustó la parte del semblante. ¿Qué cosa? Creo que debes irte. ¿No me conoces? ¡Tenía años! Yo no– Debes– ¡Estás descarriado! No estoy descarriado. Tú me enseñaste. ¿En tu apartamento de la iglesia, recuerdas? El Libro de Salomón. “Por las noches busqué en mi cama al que ama mi alma. Tu cuello, como la torre de David”. Necesitas ayuda, hijo. Y eso no tiene nada de malo. Adelante, miente. Justo ahí sobre el púlpito. ¡Miente así Dios puede castigarte, hipócrita! ¡Abusaste de mí! ¡Yo era solo un niño! ¡Adelante! Diles… …obispo Richard Benjamin Broadnax. Ese es tu verdadero nombre, monstruo. ¡Pasé años buscándote, desgraciado venenoso! Irás directo al infierno. El diablo te recibirá. Está bien. ¡Ya basta! Adelante, niégalo. ¡Dilo, en nombre de Dios! ¡Dilo aquí, en la casa de Dios! ¡Ya basta! ¡No me toques! ¡Solo tenía años! ¡Adelante! ¡Dilo en nombre de Dios! ¡Dilo en nombre de Dios! Todos esos versos de los que hablabas sin parar. “¡Cuán hermosa eres, amada mía! Entre mi amado en su huerto y coma sus mejores frutas”. “Mi amado metió su mano por la abertura de la puerta… …¡y se estremecieron por él mis entrañas!” ¡Defeco sobre ti! ¡Negro desgraciado y cobarde! ¡Eres un mentiroso! ¡Mientes, eres un fraude! ¡Chazz! ¡Que alguien me ayude!



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