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las razones por las que le caía bien. Yo crecí aquí. No crucé el agua y empecé… y me pusieron en la calle. Aunque quizá era igual de malo y asesinó a más que cualquiera de los otros. Soy de buena familia, pero crecí en la calle en Chicago. Fui un chico malo desde el principio. Un sicario de sangre fría. La verdad es que no me caía bien, porque solía fanfarronear… acerca de la gente que había asesinado. Una vez bajé la ventanilla y le disparé con una MAC- en la cara. No quiero oír: “Ah, asesinó a este tipo “aquí, allí…”. Asesinaré a cualquiera en EE UU o en Europa, o donde me envíen, lo haré. No quiero oír sus fanfarronadas sobre eso. De los que trabajaban en EE UU, era el mejor. Era desconcertante, de alguna manera porque él era el sicario de esta mujer o lo que sea que fuera. Durante los años y , él fue quien ella usó exclusivamente para sus asesinatos. Mi reputación era que si estaba detrás de ti, te atraparía. Si te escapas, te atraparé. Si había una deuda por cobrar, él se encargaba de cobrarla. Muchos clientes decían que estaban atrasados y ella les decía: “Si no vienes mañana, “Rivi irá por ti”. “No, no lo mande.” Alfredo Lorenzo era cliente de Griselda Blanco. Griselda me ordenó que le entregara kilos de cocaína. Entonces eran . dólares cada uno, a cada gramos. Le dieron cocaína en consignación. Así lo hacía Griselda. “¿Cuántos días necesitas para pagarme?” “Una semana.” “Te daré dos semanas.” Cuando pasaban las dos semanas, ya no quería el dinero, sino la vida de la persona. A Rivi lo mandaban a cobrar la deuda. Fui a su casa a buscar el dinero. Y solo me dio excusas. “Dile que me dé más crédito “y le devolveré el dinero.” No le dije nada, el tipo me dio lástima. Rivi se dio cuenta de que Lorenzo jugaba con él. Así que se lo informó a Griselda. Me dijo: “Ya sabes lo que debes hacer”. Su destino estaba escrito. Con Griselda, si no pagabas, morías. Hasta la mafia tendría una clase de código de honor. Los italianos tratarían de resolver cómo recuperar el dinero. Quizás después, le darían una paliza pero tres semanas después sanaría. Cuando los colombianos llegaron, se acabaron las palizas. Esos latinos de sangre caliente no piensan primero. Primero actúan y piensan después. Aunque asesinaran a toda la familia entonces ahí pensarían: “Cielos, me acabo de… “¿Cómo recuperaré el dinero?”. Y es demasiado tarde para recuperarlo. No es por el dinero, sino para mandar un mensaje. “No me estafes, no te metas conmigo, “porque te mataré o haré que te maten.” Dijo: “Mátalos”. Y él lo hizo. Miguel estaba a mi derecha, Oscar Murillo, Ñato, a la izquierda, y yo golpeo la puerta. Alfredo abre la puerta y cuando lo hace le pongo el arma en las costillas. Le señalo que no haga ruido. Le pregunto por la esposa. Dijo que estaba cocinando. Fui hasta ella y me dice: “No sé lo qué sucede, “pero le pido que no lastime a mis hijos”. Tres niños, dos hijas, un hijo. Creo que las hijas tenían y años. Y el hijo era un bebé. Dije: “No, no lastimaré a tus niños”. Griselda me había dicho que los asesinara. Supuse que solo lo mataría a él. Hablaba con ella y oí dos disparos, un par… sabía lo que pasaba. Miguel había matado a Alfredo. Le pedí a Oscar que la vigilara, que regresaría. Fui a la otra habitación. Le pregunté a Miguel si estaba hecho, y me dijo que sí. Cuando estábamos hablando, oí un grito y luego oí una metralleta. Regresé al cuarto y él me dijo: “Ella trató de tirarse encima”. Oscar le había disparado , veces en el pecho y ella seguía viva, haciendo… unos ruidos raros, le salía sangre de la boca, se estaba muriendo. Agarré el arma de Miguel, un . con silenciador y le disparé dos veces en la cabeza para que dejara de sufrir. Les dije que nos marcháramos. Pero Griselda la dijo a Miguel que había que matar a todos. Le pregunté de qué hablaba. “Solo quedan los niños.” Y me dice que va a asesinar a los niños. Le dije que no lo hiciera. “Ella me dijo “que ellos valen extra, “así que me ganaré el dinero.” Le dije que no mataría a los niños. Y se marcha en dirección a los niños. Saqué mi arma y le dije que se fuera de la casa. Miguel se puso loco: “Tenemos que matar a la niña”. Dije: “No, basta. “Es hora de irse de aquí”. Tuve que sacarlos a punta de pistola. Alfredo y Griselda Lorenzo fueron encontrados muertos en junio de en su casa. Era una casa modesta en la zona de Rhodes. En había vuelto al CENTAC. Recibí una llamada de Nelson Andrew, que era detective de homicidios de Miami. Los cuerpos estaban en cuartos distintos, y quien cometió el homicidio dejó a los niños en la casa con sus padres muertos. Encontraron a las niñas y al niño jugando con el cuerpo ensangrentado de la madre dentro de la casa. Nos pagaron y le expliqué. Le dije que no habíamos asesinado a los niños. Se enojó y dijo: “La orden era matar a todos”. Cuando ella dice todos, son todos. Le dije que había tomado la decisión de no matarlos. “¿Por qué?” “Porque son bebés.” Después de Johnnie Castro, cuando mataron al niño, creo que se acostumbró después de ello. Ya sabes, a asesinar niños. Le gustaba estar en guerra. Hablaba todos los días de ello. Tenemos que atrapar a tal y a cual, tenemos que eliminarlo. Era… era algo que ella disfrutaba. Fue a la guerra con Paco Mejía, quien fue su sicario años atrás. Parece ser que la estafó y se puso por su cuenta. Y le declaró la guerra a Griselda. Oficiales de homicidios descubrieron hace semanas que una gran carga de cocaína valorada en millones que venía de Colombia, nunca llegó. La policía dice que iba a Nueva York. Esa es una de las cosas que no olvidaba ni perdonaba. Voy a Nueva York a matar a todos los que trabajaban para Paco Mejía. Rompió todas las reglas allí. Hablé con una persona, que me dijo: “Habrá un baño de sangre”. De los que guardaban la droga, a los sicarios. Matamos a . Once personas. Mm. En menos de horas. Debían haber sido , pero dejé escapar a uno. Los detectives están en contacto con Nueva York para investigar las similitudes entre este golpe en la zona de Nueva York y los asesinatos por droga aquí en Florida del Sur. Empezó la guerra. Griselda dio el primer paso. Estamos en el centro comercial Américas.
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