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en confianza. -Pero Juegos No insista, agente. Ya hablaremos de esto. Timothy, acompañe a Requejo al laboratorio fotográfico. Que compruebe unas muestras de gases tóxicos. Voy enseguida. -Si vengo a lo del gas. ¿Se da cuenta de cómo funcionamos? Quien menos pueda usted imaginarse es una gente nuestro. -Ah, claro. Siéntese un momentito que enseguida le atienden. ¿Un cigarrito? -Lo que usted quiera. Tranquilícese, ya ve que su asunto está en buenas manos. -No hacen más que hablarme de un ropero benéfico. Y eso es que prepara una coartada. Usted tranquilo. ¿Por qué se mueve así? -Con su permiso, ¿podría utilizar el servicio? De ninguna manera. -Por favor, que lo necesito. Me he puesto nervioso. Vaya, he dicho que no. -¡QUe me estoy poniendo malo! No. -Por caridad. Nos lo prohíbe Nueva York. -¿Nueva York? ¿Qué les importa a los americanos? En el estado en que se encuentra me niego a hablar con usted. Aquí hay una cafetería con un servicio inmejorable. Por favor, tómese una tila y cuando se tranquilice, vuelva. (SUSPIRA) -¡Aaaah! -Bueno, venga, ¿qué? ¿No te acuestas? Ahora voy. Voy a tomarme una pastilla. -¿Qué te pasa? -Pues hace diez minutos estabas tan tranquila. Pues ahora, chico, se me ha puesto no sé qué aquí en la sien. -Tú estás muy cambiada. ¿Cambiada yo? ¿De qué? -Que tú te vistes y te arreglas ahora mucho. Y haces vida social. Y no paras un minuto en casa. ¡Ay, qué pelma eres! ¡Con lo que me duele la cabeza! -Pero cambiada de verdad. De arriba a abajo. ¿Y ese dolorcito de cabeza cada vez que vas a acostarte? Debe ser el tiempo. -Sí, sí, será el tiempo. Teléfono. ¿Dígame? ¿De parte de quién? Del patronato magnánimo de la misericordia. ¿Sí? Ah, hola. No, no puedo. Porque no. Sí, aquí está. Ah, muy bien. Otro día, ¿eh? Ya nos veremos. Adiós. -¿Pero qué clase de frailes son estos que llaman a la una? Estarán de maitines. (GRABADORA) ¿Lleva usted anillo, abrigo de piel, poco maquillaje? Y el gesto de amargura de la mujer que sufre en silencio. -Es cierto. ¿Quiere avisar al bombero Fonseca? Es urgente. -Un momento. ¡Fonseca! ¡Fonseca! -¿Dónde vas, hijo? -Te llaman al teléfono. Atento. Por fin el in fraganti. He estado con don Ramón en la sauna. Se ha ido de la lengua. Sí. Va a Burgos a una inspección de obras con su secretaria. Y a la vuelta le ha preparado una encerrona en un motel. Operamos contrarreloj. Te recogeré con el coche y un traje de paisano. Llevo todo el equipo. Corto. A Burgos, Fonseca. ¡Toma castaña! -¡Ay, ay! -¿Qué ocurre? -Quieta, quieta. -Pero si estoy quieta, ¿qué pasa? -La pierna. Aguarde. Voy a frenar, si puedo. ¡Qué dolor, madre mía! ¡Qué dolor! -¿Pero qué le pasa a usted? -La ciática. ¡Qué dolor más grande! -No sabía Juegos -Me han dado dos o tres ataques. Me ponen vitamina B y se me quita. ¡Pero éste Juegos ! Éste me parece que no se me quitará en toda la noche. -¡Vaya por Dios! -Vamos a ver si despacito Juegos Juegos consigo llevar el coche hasta allí, a aquellas luces. ¡Ay! Despacito. Despacito. Cuidado. Cuidado, cuidado, que la ciática es muy traidora. Cuidado. Dos habitaciones, sí. A usted no le importará, Lali. Es causa de fuerza mayor, ya ve. Que estén cerquita las dos habitaciones, Juegos Juegos por si me tiene que atender. -Sí, señor. La y la . -Muchas gracias. -De nada. ¡Qué desagradable! ¡Qué cosa más desagradable! De aquí a aquí, es como una tenaza. ¡Igual que una tenaza! ¡Ay, pero qué dolor! ¡Qué dolor! ¡Qué dolor! ¡Ay, la tenaza! ¡La tenaza! ¡Ay, qué malito estoy! -¿Quiere que le busque un médico? -No, mañana estoy nuevo. Lo que siento es la noche que le voy a dar. -No, no se preocupe usted por mí. ¿Le encargo algo de cena? -Con este dolor. En fin, Juegos Juegos encargue unos fiambres y fruta para mí. Y para usted, lo que le apetezca. Cenamos aquí. ¡Ah! Y una botellita de champán. -Oh, una botellita de champán, ¿verdad? ¿Dulce o seco? -Como a usted le guste. -¿A mí? Semi. -Pues semi. ¡Ay, la tenaza, la tenaza! -Bueno, estese usted quieto, tranquilito. Yo voy a encargar la cena. A llamar a casa para tranquilizar a mi madre y Juegos a bañarme. -Muchas gracias, Lali. Y no tarde, que me siento muy solo. ¡Ay, la ciática, la ciática! Te juro que te quiero para casarme. No quiero que tú pienses en separarte. Si te separas, Juegos llévate tu dulzura, deja tu cara. -Perdone. El Sr.. Aguirre, que acaba de llegar, está francamente mal. Necesita un especialista y me voy por él a Madrid. -¿Pero es grave? -No, pero le atiende su médico Juegos -En minutos pasa el expreso. -¿La estación? -A dos minutos, enfrente. -Gracias. Ah, anule mi habitación. Yo no voy a ocuparla. Y que suban a la del señor Aguirre unos fiambres y fruta. -Muy bien, señora. -Ah, y una botellita de champán. -De acuerdo. El in fraganti, Timoteo, el in fraganti. ¿Te juegas algo a que nos parten la boca? fotografías de don Ramón con la secretaria. Y traigo cuatro rollos más. Esto no va a ser in fraganti, será recochineo. El magnetofón. ¿Pero habrá terminado a las ocho? Porque entro de servicio. ¿Pero cómo me dices eso ahora? El magnetofón. Tú te metes ahí dentro con esto. ¿Y si abren el armario? Para eso han venido. Para abrirlo y verte la cara. -Te juro que te quiero para casarme. No quiero que tú pienses en separarte. Cable. Por allí. Micrófono. -La . -¿Querrá llamarnos a las ocho? Continuamos viaje. -Cómo no. Me firma aquí, por favor, y me da su carné de identidad. -Desde luego. Tenga. -Muchas gracias. -¿La habitación es de dos camas o cama de matrimonio? -De matrimonio, señor. -Mejor. ¿Qué? ¿Le gusta? A usted le digo, ¿que si le gusta? ¿Por qué no me mira a mí? -Usted perdone, no miraba a nadie. -¡Por Dios, Antonio, ya está bien! Si no ha hecho nada. -Es que si hace algo, le mato. Mucho mirar, mucho mirar, pero se achantan como palomas. Y tú, con los ojitos bajos estás muy guapa. Su compromiso está sellado y no puede romperse. Renegará de ti. Y renegará de tu hija. No lo hará. Freya, no pretendo ser cruel. Solo deseo protegerte. Puede que te sorprenda cómo acaba todo. Sabes muchas cosas, Ravenna. Pero no lo sabes todo. Me temo que sí. Freya no creyó a su hermana, pues el amor ciega hasta el ojo más clarividente. Y cuando su hija tenía unas pocas semanas de vida, su Cándido corazón recibió al fin su recompensa. Su amante envió un mensaje. Desafiaría a su familia y se casaría con Freya en secreto en los jardines reales. Cogerían a su hija, y huirían del reino para empezar su propia vida. Freya, no. No tenía elección. No tenía elección, Freya. Consumida por el dolor y la ira, Freya abandonó a su hermana para buscar su propio reino, en las lejanas tierras del Norte. Allí, la gente llegaría a temer su nombre. ¡Quemadlo todo! ¡Matadlos a todos! Si no podía tener una hija, en su lugar tendría un ejército. ¡Vamos, niño! ¡Eric! ¡Corre! ¡Vamos! Freya transformó los verdes prados donde erigió su fortaleza ¡Carretas! ¡Qué afortunados sois! Ahora estáis conmigo. Y jamás volveréis a sufrir de esta manera. ¿Tienes miedo? No. ¿Echas de menos a tu padre? ¿Tu madre? Sí. Sí. Dime tu nombre. Tull. Tull. El amor es una mentira. Es un truco de los crueles contra necios y débiles. Desterradlo de vuestra mente. Jamás permitáis que os vuelva débiles de mente



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