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incautadas en esta zona subió al %. El peso neto es de alrededor de kilos. Es la mayor incautación jamás realizada por el gobierno federal. Diría que es veces más de lo que jamás hicimos. ¿Quiere decir que ya no es posible entrar drogas en los EE UU? No, no dijimos eso. ¿Qué quiere decir? ¿Qué es lo que afirma? Cada vez será más difícil. La buena noticia es que el índice de delitos está bajo control. Hay un compromiso a larga escala de parte de los ciudadanos, del gobierno, de la policía y de los tribunales en darle batalla al enemigo. ¡Cállate, cállate! Realmente fue el principio del fin de la era de los Jinetes de la Cocaína. El índice de asesinatos bajó desde . Hubo una baja del % en la ciudad y del % en las afueras. Había demasiados policías y mucha presión en la televisión, así que le dije a Griselda que había mucha presión, que sería mejor irnos de vacaciones. Me dijo que pensaba trasladar la operación a California. “¿Vienes conmigo, Rivi?” Ya no quería seguir matando, tenía mucho dinero. Regresaría a Chicago. En retrospectiva, sabemos que ella se marchó alrededor de , cuando el índice de homicidios bajó claramente. Estaba contento de irme porque era consciente de la presión a mi alrededor, y ella no quería entenderlo. Viendo que toda la organización se había mudado a California y que soy agente en Miami tuve que convencer a mis superiores de que valía la pena que investigara un caso en California. Sabía que era cuestión de tiempo antes de que nos persiguieran. Dije que si alguna vez la atrapaba, le daría un beso en la mejilla. Se marchó a California y comenzó su negocio allí. Rafa no quería mandar el producto hasta allí, así que ella decidió hacerse amiga de Marta para conseguir la cocaína. Ella era familiar de los Ochoa. “No necesito a Rafa, puedo conseguir todo “de esta manera.” Así lo hizo. Max me dice: “No habrá “coca por un tiempo, porque hay problemas. “Griselda decidió que no quiere pagar “unos kilos o algo así.” Le pregunté qué tenía que ver con nosotros. “Los Ochoa no quieren enviar nada “hasta que todo se arregle.” Griselda me dice que quiere matar a esa . “¿A quién?” Y contesta: “A esta “. Griselda decía que si mataba a Marta, no habría ninguna prueba de si le había dado el dinero a Marta o no y de si Marta no lo había enviado a su familia. Le dije a Griselda si hacía eso, terminaría con su negocio. No habría lugar en el mundo dónde esconderse. La buscarían por el resto de su vida. Pero quería hacerlo igual. Le dije que no era necesario. Era su salida. “Asesinaré a Marta “y diré que le di el dinero, “y si ellos me preguntan, “les diré que no sé dónde está porque se lo di a ella.” “Griselda, ¿qué harás?”, le dije. Me dijo: “Asesínala”. En cuanto entró y vio a Griselda se lo hizo encima. “Madrina, Madrina, ¿qué te he hecho?” Griselda contesta: “Nada”. La secuestraron, la asesinaron y la encontraron al costado de la carretera. Estaba manchada de sangre, no podías matar a Marta. Allí comenzó otra guerra. Eso le explotó en las manos. Todos le dieron la espalda. lncluso Rafa, su mejor amigo. Recuerdo que Rafa y los demás… Los demás del cartel. … pensaban en tener que matarla. Había un precio por la cabeza de Griselda. Le dijeron que donde la vieran, la iban a atrapar. Max se metió en problemas y fue el principio del final. Él sabía que tenía un problema. No debería haber fumado, pero lo hizo. No pensó que irían detrás de él. Max me llama y dice que cree que la policía lo persigue. “Me subiré al coche, saldré de paseo, “quédate en el celular conmigo.” “Bien, Max, me quedaré al teléfono.” Max se sube al coche y se marcha. Sale de la entrada y me dice que venían de todos lados. Yo sabía que estaba bajo vigilancia. Los coches bloquearon mi salida y cuando me di cuenta, había armas apuntándome. Fin de la conversación. Lo arrestaron y nunca más lo vimos. Tenía millones de dólares enterrados en bolsas en mi jardín. Esa noche salí con una linterna para sacar las bolsas, porque temía que vinieran. Vivía en la zona de Everglades. Salté en una canoa como con… no sé cuántos… entre y millones de dólares, los tiré en la canoa, remé al otro lado y los enterré en el Parque Nacional de Everglades porque creía que venían a mi casa. Pero nadie vino ni pasó nada. Nadie creyó que habría problemas. Mickey y los demás decían que no hubo problemas con el último avión que aterrizó y que todo parecía estar bien. Les dije que siguiéramos hasta que lo averiguáramos. Jon dijo que no había motivo para preocuparse. Creíamos que Jon era muy inteligente. de septiembre de Recuerdo el de septiembre porque no podía dormir. Esa noche en particular trabajaba con Mickey y su gente. Y porque no podía dormir, decidí irme a la sala de radio que teníamos en Miami, para dirigir a los aviones. Eran los viajes regulares, lo único inusual que debimos haber notado, era el silencio en la radio porque sabían que escuchábamos todo. Miré alrededor cuando me fui, porque seguía paranoico por lo de Max, y no vi nada en absoluto. Todo seguía su curso. El avión aterrizó y dije: “Otro buen viaje, “me voy a casa, me siento bien”. En cuanto aterrizó y entró al granero, aparecieron en helicóptero y la gente salía armada de todos lados. Baje despacio, ¡las manos en el aire! ¡Muéstreme las manos! Oí un ruido, era como si un rayo nos hubiera impactado. Los tipos que estaban en el avión se escaparon. Apareció un camión a unos km por hora y se metieron por la puerta. Fue una redada simultánea, Tampa y Miami. Llegaron vestidos de negro con las máscaras y anteojos de visión nocturna. Parecía que estábamos de vuelta en Vietnam. Era una locura. Salí por la puerta trasera. “¿Me voy a tirotear con ustedes?” Tuve un enfrentamiento con uno de ellos… “¡Tírate al suelo y cállate!” “Sí, está bien.” Me miraron, y jamás lo olvidaré. “¡Roberts! ¿Qué haces aquí?” Dije: “Creo que metí la pata, ¿no?”. “Sí, viejo. “Habríamos ido a tu casa más tarde “pero nos lo facilitaste.” “No podía dormir, viejo.” “Qué lástima”, dijo. Llegamos a la comisaría y oí en la radio que había tiroteos, y disparos. “¡Es la guerra!” Dije: “¿Qué ocurre? ¿Tiene que ver conmigo?”. “Es tu avión, tu granja.”



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